Aprender idiomas: ¿devoción u obligación?

En estos últimos tiempos vengo observando cómo aprender inglés (e idiomas en general) se ha convertido para la mayoría de nosotros en una carrera de obstáculos con un fin clarísimo: la dichosa certificación de nivel, llámese B1, B2, etc. Y ya no hay más allá, ahí se termina el aprendizaje de la lengua. Es como cuando las muchachas de hace siglos encontraban marido y ya habían cumplido con su cometido en la vida. Ya tengo el B2, hala, se acabó.

En España, desgraciadamente, hemos pasado de un arcaico sistema educativo al que poco le interesaba el aprendizaje de lenguas extranjeras y que nos puso a la cola de Europa, a una locura sin igual por los idiomas reforzada por una terrible crisis económica que elevó la competencia de manera feroz, y que nos ha hecho sacar las uñas para conseguir un pequeño hueco en esta vorágine laboral. De cero a cien en tan poco tiempo que no lo hemos digerido.

Y lo que en un principio consistía en aprender inglés para situarnos en una posición mejorada frente a nuestros competidores en el mercado de trabajo, se ha convertido en una urgencia por demostrar lo que sabemos y poder Preparacion_examenes.jpgincluirlo en nuestro C.V. Ya no nos planteamos no estudiar inglés. Y no es porque sea el idioma principal de las redes sociales o del cine y la música. No. Es porque no podemos trabajar en este mundo global sin hablarlo, y mucho menos sin demostrarlo. Por ello, el foco actual aprendiente de idiomas ya no está en la lengua en sí, sino en “sacarse” el examen.

Lo escuchamos: “tengo un B2″o “necesito el B1”. ¿Y esto de dónde sale? Pues del  Marco Común Europeo de referencia (MCER para los amigos), una herramienta que fija un estándar y define las habilidades esperadas en cada nivel de idioma, y que los profesores y lingüistas utilizamos en la preparación de nuestras clases o materiales de apoyo. Sin embargo, el ciudadano de a pie no entiende verdaderamente qué significa tener un B1 o un B2, o un A1 o un C2, y qué somos capaces de hacer con ese conocimiento. Simplemente necesitamos una letrita y un numerito en el apartado de “Idiomas” de nuestro CV.

Este cambio de prioridades en el aprendizaje ha implicado naturalmente un giro radical en la enseñanza de idiomas: el objetivo principal de la enseñanza ahora son los niños y jóvenes que van a necesitar antes o temprano demostrar su nivel, y que ha llevado a que la mayoría de academias y profesores se limite casi exclusivamente (aunque aparenten publicitar una oferta más variada) a dar cursos de preparación a examen de casi todos los niveles, y desde edades muy tempranas. De hecho, niños a partir de 7 años pueden ya examinarse para lucir con orgullo su titulito de inglés.

¿Y qué hay de la pasión por el aprendizaje en sí mismo? ¿Dónde ha quedado? ¿Sigue existiendo? Pues sí, claro que sí, pero surge más bien del impulso de individuos apasionados por el aprendizaje, como yo, que del sistema, ya que éste no nos apoya. Qué recursos tenemos:

a) contratar a un profesor particular que se adapte con flexibilidad a lo que tú quieres aprender y cómo lo quieres aprender, como se ha hecho toda la vida, o

b) hacer un poquito de self-learningbuscando recursos en internet o en otras fuentes para aprender por ti mismo (youtube, podcasts, webs especializadas, blogs de profesores, foros…) y entonces careces de la alegría y la retroalimentación de las personas cara a cara, o

c) en el mejor de los casos aquellos que se lo pueden permitir, viajar al país de la lengua para hacer una inmersión, que es, y lo sé por experiencia propia, la mejor manera de consolidar lo aprendido y continuar mejorando.

Si lo que quieres es algo presencial en grupo un poco más económico que las clases particulares, está la opción de la academia del barrio o a la Escuela de Idiomas (si tienes la suerte de tener una cerca). En el primer caso te costará encontrar una dónde den inglés general (siempre hay el trasfondo del examen, incluso algunas te dicen que el curso es de inglés general pero los materiales y las técnicas que usan son de preparación a examen). Por su parte, en la Escuela de Idiomas te obligarán a certificarte cada dos años, y punto. Las clases son por y para el examen. La certificación es como esa sombra que no consigues ver que te observa desde algún punto sin especificar, y que cuando menos te lo esperas, zas!, te pilla desprevenido por la espalda. Todo esto le quita emoción al aprendizaje, y hace que el idioma se convierta en una asignatura más del currículo, que cada día nos cuesta más sacar adelante porque se ha convertido en una obligación.

En fin, yo no he perdido la esperanza. No sólo sigo estudiando inglés a diario, porque cuando algo te gusta no puedes evitarlo: leo, escucho, escribo, hablo, y de todo ello aprendo. También aprendo, por supuesto, de las clases con mis alumnos. Además , estudio alemán y chino en la Escuela de Idiomas. Y cuando llego al curso de certificación lo paso fatal por el estrés que genera. Y sé que cuando alcance un buen nivel en alguna o en varias de estas estudiaré italiano, o portugués, o cualquier otra. Disfruto intensamente de las horas que dedico, y me frustra enormemente, como aprendiente, encontrarme con la presión de que el sistema educativo que me facilita la formación me obliga a certificarme en una lengua para continuar estudiándola.

Para mí saber idiomas es mucho más que alcanzar un nivel en las cuatro destrezas (listening, reading, writing, speaking). Es ser capaz de entender y de hablar con los nativos de la lengua, viajar al país, pedir comida y probar nuevos sabores, comprar en sus tiendas, entender sus chistes. Es tener más amigos, conocer otras culturas, es entrar a un mundo nuevo y tener una historia diferente a mi alcance. Es un desarrollo intelectual que, dicen, ayuda a esquivar el Alzheimer. Es otro punto de vista. Es una tremenda sensación de libertad que me permite moverme sola por el mundo. Es un logro personal. Son tantas cosas al mismo tiempo, todas tan apasionantes.

Por ello, os animo a que sigáis estudiando idiomas, pero por pasión, no por obligación, que disfrutéis de la belleza del descubrimiento, de la alegría de la curiosidad. Incluso estando bajo la presión de las dichosas certificaciones siempre hay un momento de lucidez donde verdaderamente se descubre la preciosa esencia del aprendizaje. Yo ya he tenido ése momento, muchas veces, y espero que vosotros también lo hagáis, alguna que otra vez.

(Photo credit: http://www.lawtonschool.com/idiomas/ingles/preparacion-de-examenes/)

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